La Tripulacion Del Cuatrovientos Barberan Y Collar

 

No había mejor candidato para pilotar el Cuatro Vientos que el Teniente Joaquín Collar Sierra, un joven oficial de ideas republicanas que había participado en la sublevación de Cuatro Vientos, del 15 de diciembre de 1930, y que, fracasada la intentona, permaneció en el exilio en Portugal y Francia hasta la proclamación de la República en 1931, cuando volvió a España y fue repuesto en su empleo. Considerado uno de los más hábiles pilotos y número 1 de su promoción, a Collar se le ofreció el puesto delantero en el Cuatro Vientos, una misión que aceptó de inmediato. Procedente de Caballería y nacido en Figueras (Gerona) en 1906, de familia militar, Collar era de carácter jovial y risueño, aficionado a los deportes y a la diversión más que a las ceremonias protocolarias, había demostrado ya su valentía –estaba en posesión de la medalla de Marruecos con pasador de Larache por sus servicios durante la campaña, en la que realizó numerosas misiones de reconocimiento, fotográficas y de protección de convoyes y bombardeo- y las dotes profesionales más elevadas, estando en posesión del título de piloto militar de aeroplano y el de observador y estaba destinado en la Escuadrilla de Experimentación de Cuatro Vientos.

Mariano Barberán y Tros de Ilarduya, había nacido en Guadalajara en 1895 e ingresado en la Academia de Ingeniero del Ejército en 1910, con 15 años de edad, incorporándose a la Aviación en 1918, para obtener el título de observados al año siguiente. Ascendido a capitán en 1920, resultaría herido en combate y declarado inútil para el servicio, teniendo que volver a su cuerpo de procedencia. No se resignó y, al recrudecerse la campaña, se presentó de nuevo, siendo atendido. Su gran afición a la radiotelegrafía le puso a la cabeza de esta especialidad en España y fue representante oficial en la conferencia Nacional de Telegrafía sin Hilos en 1923, siendo propuesto por su brillante actuación como becario para la Escuela Superior de Electricidad de París. En 1924 obtuvo asimismo el título de piloto militar, pero al año siguiente pidió su pase a la situación C, por razones personales. En tal situación se encontraba en Canarias, en 1926, cuando el “Plus Ultra”, cuyo vuelo a Argentina había ayudado a preparar, hizo escala en las islas. Llamado de nuevo al servicio por la Jefatura, su presencia en la Aviación resultó de gran importancia, siendo el alma de la Escuela de Observadores, a la que supo dar la mayor altura académica y formativa. Estaba en posesión de la Medalla Militar y la Cruz de 2ª clase del Mérito Naval con distintivo blanco.

  • Autoría, diseño e ilustración: Juan Antonio Guerrero Misa
  • Fotografías: Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire y del Espacio.
  • Adaptación: www.tabladacentenariaaviacion.es

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